Carta de un hombre que se marchó

Ha pasado mucho tiempo desde la ultima vez que escribí un artículo social, hoy volveré a hacerlo por que leí en Facebook una entrada llamada Carta de un hombre que se marchó

De inmediato brincaron mujeres sintiéndose agredidas clasificando el texto de machista. Pero ¿ quienes son estas mujeres ? Muy posiblemente son feminazi y otras simplemente se sintieron identificadas como las mujeres que terminaron una relación por andar abriendo las piernas con alguien que solo las iba a bajarse la calentura y no tuvo ni siquiera la discreción de mantener en secreto lo sucedido. Sin contar las hipócritas que si fuera el hombre quien las engañara entonces serian machistas opresores disfrutando de su poder en el patriarcado.

En mi opinión. Yo no juzgo a las mujeres por sus actividades sexuales, pero si que me ha logrado llamar la atención la reacción de muchas mujeres que se han sentido ofendidas por dicho texto, algunas se han mostrado agresivas al texto como un método de defensa que se ve obvio, de me identifico en la historia y como me siento avergonzada seré agresiva.

Al texto en cuestión es el siguiente.

¿Te acostaste con él?

¿Te acostaste con él ? te pregunté temiendo escuchar tu respuesta.
“Sí, perdóname”. Me respondiste en voz baja, con la cabeza agachada mirando hacia el suelo.
En ese momento se me derrumbó el mundo por enterarme de aquello a lo que todo hombre teme.
No pude decir nada porque un nudo se atravesaba en mi garganta y una daga atravesaba mi pecho. Ira, tristeza, decepción y dolor me embargaron el alma.

“Sólo fue una vez, te lo juro, no lo he vuelto a ver, fue un momento de debilidad”. Me dijiste .
Pero igual eso no disminuyó mi vergüenza, ni evito que mi autoestima de varón se fuera a la mierda.
Tampoco alivió mi pena el hecho que me dijeras que no sentías nada por esa persona, que sólo cediste a sus pretensiones movida por tus deseos de mujer, y cegada por el resentimiento hacia mí después de esa acalorada discusión aquella tarde.
Lo sé, fue un momento de debilidad y lo entiendo, tal vez los tragos que compartieron te animaron a hacer lo que hiciste. O tal vez porque te pareció atractivo y sabias que desde hacía rato él “te tenia ganas” quisiste vivir un rato loco.
Pero ninguna razón lógica me hará sacar de mi mente lo ocurrido. Sé que aún me quieres, que estás arrepentida, pero comprende que no es fácil lidiar con esto. No es fácil verte desnuda cuando te voy a hacer el amor y que venga a mi mente ese amargo recuerdo de que otro hombre te tuvo, que otro poseyó y mancilló tu cuerpo y también mi honra. Recuerdo tus lagrimas, también que me dijiste que me querías mientras me pedías perdón. Créeme que tuve que hacer un gran esfuerzo para no levantarte la mano, porque en ese momento me dominaba la ira, y me alegra que haya sido así, pues los golpes no hubieran solucionado nada.

Ese día salí de la casa destrozado y anduve como un loco caminando por las calles, pasaba saliva cada vez que recordaba lo que hiciste, y torturaba mi mente imaginando las cosas que ese hombre te hizo en la intimidad.
Cada instante de nuestra historia lo he proyectado en mi mente cual si fuera una cinta. He llorado pensando en esos maravillosos momentos que nos unieron e hicieron amarnos.
Ahora perdí la confianza y el temor de un nuevo engaño no me deja en paz.

Me has hecho ver que lo lamentas, estos días has aguantado en silencio mis reclamos y me has pedido que no te deje y te perdone. Hemos tenido sexo un par de veces y ha sido un momento tenso, que yo poco he disfrutado y tú tampoco, porque en tus ojos veo que estás muy avergonzada.
Por eso pienso que por ahora es lo mejor, lo siento , no puedo con esto. Te perdono, perdóname tú, no sé si vuelva, pero por ahora solo puedo decirte adiós.

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